(58º) DIARIO DE UN LINFOMA (Félix y Antoinette me arreglaron el día).

(58º) DIARIO DE UN LINFOMA (Félix y Antoinette me arreglaron el día).

24 de julio de 2022.

Captura de pantalla de jw.org

¡Qué difícil es hacer algo tan saludable como vivir un solo día a la vez! Eso de ceñirnos a pensar y resolver solo los problemas y desafíos que nos presentan las 14 o 16 horas siguientes al momento en que ponemos el pie fuera de la cama, resulta en ocasiones muy complicado de hacer. Ayer fue uno de esos días en los que a mí, pero especialmente a mi Rubi, nos costó poner en práctica este sabio consejo que tanto bien produce en nuestra salud mental. Consejo que, como ya he dicho en varias ocasiones, proviene de Jesús, aunque hoy quede más “cool” (que cursi, también podría decir guay, aunque lo suyo sería el clásico: moderno) atribuírselo solo a Buda. 

Repito ese texto de la Biblia que tanto me gusta: “Así que nunca se angustien por el día siguiente, porque el día siguiente traerá sus propias preocupaciones. Bastante hay con los problemas de cada día” (Mateo 6:34). Pero quizás es todavía más conocido el que muchísima gente ha rezado en numerosas ocasiones, el conocido padrenuestro, el que los más viejos del lugar recordarán que nos hacían repetir en el cole cada mañana. En esa famosa oración, que nosotros la llamamos más bien, la oración modelo, Jesús enseñó a pedirle cosas a Dios, y entre ellas se encuentra la que recitábamos de la siguiente forma: “El pan nuestro de cada día, dánosle hoy” (Mateo 6:11). Expresado de esa forma uno podía pensar que Jesús nos indicaba que le solicitáramos a Dios hoy el pan de los próximos días, ¿los siguientes 30, con dos semanas de antelación? Bueno, cada uno podía pensar en el periodo que quisiera, pero que el de un futuro indeterminado, nos lo otorgara hoy. No, en las versiones más modernas se traduce con más fidelidad al texto griego original: “Danos hoy nuestro pan para este día”. La idea es la que Jesús expresó varias veces en su conocido sermón del monte: preocúpate SOLO por este día, no vayas más allá.

Como ya he relatado en varias ocasiones, en nuestra familia se ha cumplido el dicho de que las desgracias nunca vienen solas. Si ya tenía la preocupación por la delicada salud de mi padre con sus más de 90 años, a ello se añadió el Alzheimer de mi suegra, de esos que de verdad son Alzheimer, porque hay otras demencias seniles más llevaderas, pero esta crítica enfermedad es ciertamente muy puñetera. Luego la depresión de Rubi, que la obligó a pedir la baja en noviembre pasado, y para completar el círculo, o no, nunca se sabe, en mayo la noticia de mi linfoma. Ayer, la situación de mi suegra se impuso entre nuestras preocupaciones. Mi suegro con 87 años anda el hombre desbordado y la ayuda que habíamos buscado de una señora que viene los fines de semana para estar con ella, no surtía efecto. Mi pobre suegra imagina en su cabeza cosas que no puede controlar y veía en Lucía una intrusa que venía a quitarle su marido, sus pertenencias y la insultaba y echaba de casa constantemente. No había manera de hacerla entrar en razón. Tuvimos que bajar, yo hice el esfuerzo de acompañar a Rubi a riesgo de que mis neutrófilos encararan enemigos desconocidos estado muy mermados, porque quería darle apoyo a mi Rubi que se sentía también agobiada por esta situación que un día sí y otro también se torna muy complicada.

Cuando el corazón se acelera con los problemas, es muy común que comience la anticipación. Rubi pensaba: “Mi madre va a ir a peor y mi padre no puede con esto. A ver qué hacemos si Lucía tiene que dejar de venir. ¿Quién va a ayudar a mi padre? La solución de una residencia todavía está a meses vista. Si Manolo se pone peor, yo no voy a tener manos para acudir a ayudar. Yo misma tengo que estar luchando con mi propio problema, que es suficientemente grave….” Sí, las previsiones y preocupaciones alcanzaban no ya días, sino meses venideros. Hasta yo, que soy más tranquilo, me notaba que comenzaba a predecir inútilmente lo que podía ocurrir en un futuro inmediato.

En medio de este día agitado, de nuevo resultó una bendición reparar en el ejemplo de otros que, en situaciones muy adversas, tratan de poner en práctica ese sabio principio de vivir solo el día presente. Como he explicado, durante el verano, los testigos y otras personas interesadas en temas bíblicos, estamos viendo el programa de lo que llamamos “Asamblea Regional” cuyo título es “Busquen la paz”. Ayer tocaba un vídeo con el título: “Nuestros hermanos tienen paz a pesar de las dificultades”. Abordaba la experiencia que narraban distintas personas que afrontaban oposición de gobiernos, enfermedades, problemas económicos o desastres naturales. Tengo que decir que vaya “pechá” de llorar que me pegué con una de las experiencias que luego contaré, pero primero explicaré cómo la de Félix me recordó que hay que vivir hoy y nada más.

Félix es uno de los represaliados por el régimen ruso por el simple hecho de ser testigo de Jehová y declarar su fe. Putin y su gobierno nos odian y el colmo se produjo el 7 de junio pasado. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en una histórica sentencia condenó a Rusia a restituir a los testigos todas sus propiedades confiscadas o indemnizarlos con 59 millones de euros, permitir el libre ejercicio de su religión y la liberación de los más de 40 encarcelados y muchos más encausados en distintos tribunales. Para evitar el cumplimiento de dicha sentencia, el 11 de junio, el presidente Putin aprueba dos nuevas leyes en las que Rusia declara abandonar la jurisdicción del Tribunal Europeo con efectos retroactivos desde el 15 de marzo, fecha en la que había anunciado que abandonaría dicho organismo, aunque inicialmente los efectos serían para el año 2023. 

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Volvamos a Félix, que tiene actualmente 37 años. En junio de 2018 lo detienen y pasa casi un año en prisión preventiva. Él cuenta que lo liberan y puede volver con su querida esposa, pero pensando que la situación podía ponerse peor, como así es, 4 meses después lo sentencian a varios años de cárcel a 800 kilómetros de su residencia. Pero todavía podía empeorar todo, porque cuando llega al centro penitenciario le propinan una brutal paliza. Después todavía se complica más la cosa cuando lo meten varios meses en una celda de castigo. Finalmente el último día de 2020 es liberado y deportado a su país de origen, Uzbekistán. La lección de Félix es la siguiente: él se decía que sus desgracias siempre podían ir a peor, hasta un día que hizo la siguiente resolución: “Voy a dejar de preguntarme ¿hay algo peor que esto? Le pedí a Jehová que me ayudara a aguantar y a ser feliz ese día, nada más”. Esas palabras yo quiero que resuenen en mi mente continuamente: “Ese día, nada más”.  

Lo que contó Antoinette, fue todavía más emocionante. Es una adolescente de Las Vegas que ha padecido cáncer desde niña. Vive con su madre y su hermana. Se desplazó a Nueva York para someterse a un tratamiento, y allí, alejada de su familia, se sentía triste y no sentía paz. Comenta que el día que se bautizó se dio cuenta de que empezaba a formar parte de una familia muy grande, llena de amigos. Comenta: “Yo creo que sin amigos me sentiría muy sola. Estaría todo el tiempo pensando en mi enfermedad”. En un momento dado la declararon curada y se sentía tremendamente feliz, pensó: “Por fin podré hacer las cosas que hacen los niños de mi edad. Ya no voy a estar preocupada ni a tener miedo”. Pero continúa: “Desgraciadamente, el cáncer volvió. Y, básicamente, ahora, en mi situación, no hay nada más que hacer, y están esperando a que pase lo que tenga que pasar. Y… nada, ya está. Tenía que asimilar la noticia y darme tiempo para estar triste y enojada. Tienes que sacar esos sentimientos, no te los guardes. Pero puedes controlar lo que piensas y lo que haces. Aprendí a cambiar el chip. No me centro en mí todo el tiempo, pienso en otros y en sus problemas, que son diferentes, pero duros también.”. Sin perder un instante la sonrisa, en otro momento del vídeo comenta estás extraordinarias palabras: “Sé que mi cáncer no tiene cura, la solución está en el nuevo mundo, esa es la cura. Me gusta imaginar, cuando llegue ese momento, qué estaré haciendo. Seguro que voy a estar saltando de alegría y no tendré cáncer y voy a comer todo lo que no he podido probar todavía. Tendré muchísimos animales y voy a hacerme una casa”. 

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Creo que las palabras finales de su entrevista son para enmarcar: “Tener paz ahora no significa no estar enfermo o no estar en peligro o no ser perseguido o no tener problemas económicos. Lo que te da paz ahora es obedecer lo que Jehová dice, orarle constantemente, meditar en la palabra de Dios y en sus promesas. Tener buenos amigos a tu lado también te da paz y tener sentido del humor”.

Todo lo que cuento, que incluye varias experiencias más,  puede verse en el siguiente enlace, dura unos 40 minutos.

https://www.jw.org/es/biblioteca/videos/#es/mediaitems/LatestVideos/pub-co-r22_6_VIDEO

Sí, la experiencia de Antoinette, sobre todo, me hizo llorar un buen rato, pero un ejemplo así solo puede enseñarte algo positivo. Que una niña solo haya conocido la enfermedad desde siempre y mantenga una actitud esperanzada hasta sabiendo que, por lo pronto, su historia no tendrá un final feliz, nos anima a relativizar nuestras penas y desdichas. La paz interior es el objetivo que debemos perseguir. Yo, al igual que Antoinette, expongo que una ayuda inestimable es nuestra fe, pero si no quieres acudir a ella, pon en práctica todo lo demás, rodéate de amigos, haz cosas por los demás, sobre todo, vive solo un día a la vez. La vida es demasiado preciosa para desaprovecharla y no busquemos fuera de nosotros los motivos para disfrutarla, casi todos los importantes los podemos encontrar en nuestra cabeza.

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