¡Recuerda que las chucherías empachan!

10 de enero de 2026.
Hoy hablaba con mi amigo Arturo de algo que teníamos en común: el gusto por leer desarrollos medianamente largos de argumentos que así lo precisan. Viviendo en la era de los mensajes cortos como son los vídeos virales que tratan de captar rápidamente la atención en menos de 15 segundos, encontrar a personas que disfruten con degustar explicaciones más largas sobre temas que quedarían absolutamente incompletos tratándolos de sintetizar en 3 o 4 frases, resulta bastante complicado.
Los mensajes cortos tienen un valor indudable y ese peso que ofrecen y el sello que crean en nuestra memoria, pueden ser usados en el buen sentido y en el opuesto. “Haz a otros lo que te gustaría que te hicieran a ti” dijo Jesús y es una forma insuperable de resumir en una sola frase la esencia del cristianismo, o para los no creyentes, la clave de una convivencia pacífica. Pero, tener que leer en la entrada del campo de exterminio de Auschwitz “Arbeit macht frei” (el trabajo te hace libre) supondría una macabra forma de “motivar” a aquellas desdichadas personas para colaborar en las infames labores que les imponían con una sucinta frase.
Las ideas, salvo excepciones, necesitan un desarrollo para poder explicarlas; si no entramos en los matices y presentamos la paleta completa de colores que abarca, difícilmente seremos capaces de transmitirlas con fidelidad, es como querer pintar un cuadro realista que represente un paisaje de Inglaterra con dos brochazos de verde en la parte inferior y otros dos de gris en la superior del lienzo. Uno podrá intentar adivinar la hierba y las nubes, pero será difícil que encuentre el lugar exacto que evoca.
Hoy vivimos en la era del consumo rápido de información y además, en el mundo digital, aderezado en grandes cantidades con información que el algoritmo alimenta en la dirección de lo que vemos y oímos. Esto haría que si visualizáramos esa campiña inglesa representada por esos 4 trazos verdosos y grises, a continuación solo nos saltarían a la pantalla campos y más campos de similar apariencia. Nada nos aparecerá de las rojizas dunas del Sahara, las blancas estepas árticas o las doradas playas de arena gaditanas. Nuestra visión del mundo sería tan limitada que perderíamos la variedad de la que se compone nuestro variopinto y maravilloso planeta.
Los escritos de mi diario carecen de concisión por dos motivos: mi incapacidad de hacerlo y porque me veo en la necesidad de matizar mis declaraciones por rotundas y cortas que se me ocurran. Cuando describes cosas, personas, situaciones o ideas, la concreción fácilmente desemboca en inexactitud, cuando no en injusticia. Un ejemplo lo tenemos en esas entrevistas en las que el que pregunta le pide al entrevistado que resuma en una palabra una serie de personas. Puede resultar en un titular llamativo que suponga clicbaits (ese anzuelo que usando nuestra curiosidad innata nos lleva a hacer clic en un enlace que generalmente acaba en publicidad comercial), pero probablemente resumirá una personalidad compleja, como la que tenemos todos los seres humanos, en una sola idea que injustamente quedará marcada en muchos como la definición última de esa persona. Por ejemplo, ¿cómo definirías a Jesús en una sola palabra? Pues dependiendo del preguntado, unos dirían dios, maestro, revolucionario, farsante, invención, modelo, salvador, profeta, etc.
Si el que responde a la pregunta merece nuestro respeto, probablemente aprobemos el término elegido y coincidamos con su apreciación, pero ¿realmente podremos decir que nuestra opinión está fundamentada? Necesitaríamos un desarrollo para entender por qué lo considera un farsante, por ejemplo, que presente argumentos que lo desacrediten como lo que alegaba que era, el hijo de Dios, alguien especial y con poder superior a un ser humano común, pero lo mismo tendría que hacer el que lo ve como su salvador, tendría que respaldar esa idea con alguna extensión para otorgarle ese papel trascendental en su vida.
Aunque parezca un problema menor, este que estoy tratando de explicar sobre la simplificación de los mensajes, no lo considero en modo alguno de escasa entidad porque se está creando un patrón de pensamiento en la sociedad, no sé si adrede, para que se encuentren explicaciones simples a problemas muy complejos, y la vida no es en absoluto bicolor. Así como el ojo humano está diseñado para percibir millones de colores del mundo material, el inmaterial, el que perciben nuestros pensamientos o emociones, está compuesto de un número similar de matices en los que, además del blanco y negro, existen miles de grises y muchos otros tonos, y se necesitan todos ellos para reflejar con fidelidad la realidad de nuestro entorno.
Yo creo que ser conscientes de la diversidad y complejidad de lo que nos rodea y, sobre todo, de los que nos rodean, nuestros congéneres, nos ayuda a entender a los demás y mejora nuestras relaciones. Si un amigo nuestro nos presenta a un tercero y cuando le preguntamos por él nos lo define como un estúpido, difícilmente desearemos conocerlo, pero si desarrolla su definición puede que hasta nos produzca lo contrario.
– ¿Por qué consideras a Luis un estúpido?
– Porque cuando se enteró de que sufría un enfisema pulmonar me dijo que o dejaba el tabaco o terminaría muy mal. ¿Tú te crees que esa es la respuesta de un supuesto amigo?
– Bueno, quizás quería hacerte ver una realidad que te puede resultar dura, pero que es cierta.
– Pero hombre, lo que hay que decirte en esos casos es que sientes que tengas una enfermedad crónica.
– ¿Y el médico no te ha dicho que debes dejar el tabaco?
– Pues claro, por eso no me hace falta que me lo diga Luis.
– ¿Y no piensas que si se atreve a decírtelo es porque de verdad te aprecia como amigo?
Esta inventada conversación, incluso siendo breve, quizás podría hacer que desearas conocer a ese “estúpido” de Luis, porque los detalles de su comportamiento reflejan una imagen más clara de su personalidad.
Por supuesto que vivimos vidas tan rápidas que podemos llegar a considerar una pérdida de tiempo leer una parrafada como la que estoy concluyendo, pero seamos sinceros, arrastrando el dedo por una pantalla plagada de mensajes cortos nos puede tomar, sin darnos apenas cuenta, mucho más tiempo que pausadamente degustar una sola idea con su debido desarrollo y, en la vida, una vez más quizás merezca la pena dedicarle el tiempo y la atención a una sola cosa, persona o pensamiento que malgastarla en picotear golosinas (píldoras las llaman algunos) que como decía mi madre con los caramelos, ensucian nuestra mente y acaba empachada.